En la última década se desarrollaron varios clubes de campo y barrios privados, impulsados por la radicación en esta ciudad de familias de buen poder adquisitivo provenientes de grandes ciudades. La principal razón de la existencia de estos desarrollos inmobiliarios son la mayor seguridad que otorgan, la posibilidad de tener la casa junto a la naturaleza y las alternativas para disfrutar de actividades recreativas y deportes cerca de la vivienda. También son lugares ideales para las residencias de vacaciones porque las casas pueden permanecer cerradas sin el peligro del saqueo.
Las inmobiliarias consultadas por este diario informaron que en los últimos cinco años las ofertas se multiplicaron pero explicaron que son muy inferiores a otros lugares en el país, como por ejemplo San Martín de los Andes, con más de una docena de barrios privados y un marketing mucho más alto para las inversiones.
Los barrios cerrados o privados (que se utilizan como sinónimos) se diferencian de los clubes de campo o country club (que también son predios cerrados y privados) en el hecho que tienen muchos menos servicios. Los clubes de campo promueven una impronta más rural y los country priorizan servicios de alta gama. En todos los casos se pagan expensas, que incluyen el servicio de seguridad, mantenimiento de calles y servicios comunes, club house y quinchos, parquización y otros rubros.
En general las viviendas tienen cerco y en el barrio hay rígidos reglamentos de seguridad, convivencia y también de edificación. Toda obra tiene un plazo máximo de construcción y es imposible ver las obras "eternas" que hay en el microcentro de la ciudad, que ocupan durante meses (años) las veredas por donde deberían circular a diario centenares de vecinos. Tampoco hay jaurías de perros sueltos, basura tirada ni baches en las calles.
Cada barrio privado tienen una impronta personal, impuesta por sus desarrolladores. Si bien en algunos casos el único fin es vender los lotes y proveer los servicios básicos en otros casos se fijan rígidos reglamentos para la construcción y la convivencia. "Queremos un barrio seguro, homogéneo y amigable, pues nosotros también vamos a vivir allí", aseguraron Marcos Luis Botbol y Juan Manuel Valcarcel, propietarios del Pinar del Sol. Por el contrario, otros operadores reconocieron que no vivirán en el barrio que venden y que hay mucha libertad en la construcción de las viviendas.
No obstante, en todos los casos hay que disponer de suficiente capital para comprar el lote y construir la vivienda en un tiempo perentorio. Asimismo, se debe contar con una renta o ingreso suficiente para afrontar las expensas (en general más de 2.000 pesos por mes) y el estándar de vida que implica estar en un barrio privado.
Los barrios privados suelen comercializarse mediante el fideicomiso, una modalidad frecuente en los edificios de departamentos. La modalidad ayuda a resolver la financiación del precio de compraventa, mientras la obra está en ejecución. Sus promotores aseguran que es un instrumento versátil que ofrece la garantía suficiente a quien transfiere el terreno, a quien los recibe (y debe construir el edificio o desarrollar el loteo privado) y a quien va a adquirir la propiedad unitaria.
El primer country club local se desarrolló a partir del ingreso del grupo inversor Burco en Villa Arelauquen, un loteo que fue remodelado en un barrio cerrado con servicios, bajo la denominación "golf, polo & country club". Comenzó a comercializarse hace unos 12 años a la par que se rediseñó su cancha de golf, de 9 a 18 hoyos, se construyó una cancha de polo, un club house y numerosos servicios para los propietarios. El country se vendió muy bien, no sólo a visitantes, muchos barilochenses optaron por mudarse a dicho barrio.
La inmobiliaria Shanaham lo comercializa desde sus inicios y aun hoy lo recomiendan como una muy buena inversión. Hay numerosas residencias permanentes pero también casas para el alquiler temporario. Todos los servicios son subterráneos y los lotes en general orillan los 2.600 metros cuadrados. Un hecho que "revolucionó" la construcción local fue la exigencia de que todos los obreros que trabajan en Arelauquen deben estar en blanco, algo también atípico en otras construcciones de la ciudad.
Martín Caño, de la inmobiliaria Remax Patagón, a cargo de la comercialización de Dos Valles, dijo que "el concepto del barilochense cambió en los últimos años". Explicó que antes la mayoría negaba rotundamente vivir en un barrio privado pero ahora los residentes son mayoría a la hora de comprar lotes. "En la primera etapa se ofrecieron 150 parcelas, de las cuales ya se vendieron 135, la mayoría al público local", afirmó. Dijo que los valores de la tierra arrancan en 33.000 dólares, con el 50 por ciento de contado y el resto en 24 cuotas. Estimó que cuando el barrio esté terminado beneficiará en gran medida a sus vecinos, el Pilar I y II. "Habrá decenas de casas y familias que demandarán mano de obra y se generarán centenares de puestos de trabajo", explicó.
También informó que se ofrece la construcción de viviendas por intermedio de la empresa Suite Homes, llave en mano, con todo el equipamiento. Un terreno de 1.144 metros cuadrados con una vivienda de alta gama, de 175 metros cuadrados cubiertos, lista para mudarse, orilla los 278.000 dólares.
FUENTE: rionegro.com.ar |
|